A la corta edad de seis años, la vida de Lucas Jemeljanova cambió para siempre cuando los médicos le dieron un diagnóstico aterrador: glioma del tronco encefálico, un tipo de cáncer cerebral extremadamente agresivo. Las probabilidades no estaban a su favor, pero, hoy, a sus 13 años, Lucas se ha convertido en un símbolo de esperanza. Gracias a un tratamiento experimental, es el primer niño en el mundo que ha logrado curarse de esta enfermedad mortal.

Los gliomas son tumores que afectan el sistema nervioso central, y cuando se localizan en el tronco cerebral, las posibilidades de supervivencia son extremadamente bajas. Sin embargo, la historia de Lucas es diferente. A los seis años, fue diagnosticado con este tumor, y sus padres, Cedric y Olesja, no se dieron por vencidos. Tras una búsqueda incesante, decidieron llevar a su hijo a Francia, donde fue seleccionado para probar un medicamento experimental.

“Vi el tumor desaparecer”, explicó el doctor Jacques Grill, el médico encargado de su caso. “El tumor de Lucas presentaba una mutación extremadamente rara que creemos lo hizo más sensible al fármaco”, añadió. Lo que inicialmente parecía una batalla perdida, ahora es un hito en la medicina.

Lucas no solo logró sobrevivir, sino que hoy en día, su cerebro no muestra rastros del tumor. Aunque no se sabe con exactitud por qué respondió de manera tan favorable al tratamiento, los científicos creen que las particularidades biológicas de su tumor fueron clave. Otros niños del ensayo lograron vivir más tiempo, pero Lucas fue el único cuyo tumor desapareció por completo.

El caso de Lucas ha abierto una nueva puerta en la investigación del cáncer infantil. Ahora, los científicos intentan reproducir células tumorales en laboratorios para estudiar si este tratamiento podría funcionar en más pacientes. “Esto podría cambiar la vida de muchos niños en el futuro”, afirmó el doctor Grill. El camino aún es largo, pero la historia de Lucas es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay lugar para la esperanza.

En un hito médico que promete transformar la manera en que entendemos y tratamos el cáncer, Inglaterra ha vacunado por primera vez a un paciente contra el cáncer de colon. Elliot Phebve, un profesor de educación superior, se ha convertido en el rostro de la esperanza para millones de personas tras recibir esta vacuna innovadora.

“Si este ensayo tiene éxito, podría dar esperanza a miles, si no millones, de personas para que no experimenten lo que yo he pasado,” comentó Phebve, quien fue diagnosticado durante un chequeo de rutina, a pesar de no presentar síntomas previos. Tras su diagnóstico, fue sometido a una cirugía que removió un tumor y 30 centímetros de su intestino grueso, seguida de quimioterapia.

Elliot es uno de los primeros en participar en el Cancer Vaccine Launch Pad del NHS, un programa pionero que permitirá a miles de pacientes en Inglaterra acceder a ensayos clínicos de vacunas experimentales contra diferentes tipos de cáncer. Estas vacunas, basadas en la tecnología de ARNm utilizada en las vacunas contra la Covid-19, son diseñadas de manera individualizada. “Estamos extremadamente optimistas,” declaró la oncóloga Victoria Kunene, investigadora principal del ensayo.

La tecnología detrás de esta vacuna se basa en identificar las mutaciones específicas del cáncer en cada paciente y crear una respuesta inmunitaria dirigida que prevenga el regreso del cáncer tras la cirugía. Aunque aún en fase experimental, el impacto de estas vacunas podría ser revolucionario.

Amanda Pritchard, directora ejecutiva del NHS, subrayó la importancia de este avance: “Gracias a los avances en el cuidado y tratamiento, la supervivencia al cáncer está en su punto más alto, pero estos ensayos podrían algún día ofrecernos una forma de vacunar a las personas contra su propio cáncer, ayudando a salvar más vidas.” Con 30 hospitales ya inscritos en el programa y muchos más por unirse, miles de pacientes tendrán la oportunidad de participar en esta lucha innovadora contra el cáncer.

La comunidad médica se muestra optimista, pero cautelosa. “Es demasiado pronto para decir si serán exitosas,” advirtió Kunene, “pero continuamos reclutando pacientes adecuados para establecer esto más a fondo.” Los ojos del mundo están puestos en estos desarrollos, que podrían cambiar la historia de la medicina para siempre.

París necesitaba prepararse para una de las ceremonias más emotivas de las Olimpiadas 2024 y con la esperada llegada de la antorcha olímpica al Pebetero de la capital francesa. Esta llama, símbolo de paz y unidad, trajo consigo un mensaje de esperanza y celebración deportiva que conecta los antiguos Juegos con los contemporáneos. Sin embargo, este año, tuvo un momento especial que capturó la atención mundial: el relevo de la antorcha por parte del atleta paralímpico, Kevin Piette, asistido por un exoesqueleto robótico.

Kevin Piette, de 36 años, es un atleta paralímpico cuya historia de superación ha conmovido a muchos. Una grave lesión en la columna vertebral a causa de un accidente en su infancia lo dejó parapléjico. No obstante, la determinación de Piette y los avances en tecnología médica le han permitido no solo caminar de nuevo, sino también participar en uno de los eventos más icónicos del deporte mundial.

Piette recorrió un tramo del relevo de la antorcha olímpica por las calles del noreste de París. Equipado con un exoesqueleto robótico, el atleta avanzó con firmeza y orgullo, acompañado por una multitud entusiasta que lo aclamaba. Este momento quedó inmortalizado en video y rápidamente se viralizó en las redes sociales, con comentarios como “súper gran gesto”, “verlo llevar la antorcha me hizo creer que todo es posible” y “que Dios lo bendiga”, reflejando el impacto emocional y la admiración que generó su hazaña.

El exoesqueleto es una pieza de tecnología avanzada, diseñada para proporcionar sujeción en la cintura, muslos, rodillas y tobillos. Este dispositivo le ofreció la estabilidad necesaria para moverse con seguridad, demostrando cómo la tecnología puede superar barreras físicas y abrir nuevas posibilidades para las personas con discapacidades.

“Su participación no solo simboliza la unión de los pueblos a través del deporte, sino también la integración y la inclusión en su máxima expresión” comentó Tracey Callahan Molnar, experta en tecnología de asistencia.

La conmovedora historia de Bunny, una perra que logró superar la adversidad y encontrar una nueva oportunidad de vida, es un recordatorio del poder de la solidaridad y el impacto positivo que las empresas pueden tener en la sociedad. Este relato no solo muestra el increíble rescate de un ser indefenso, sino también cómo la colaboración entre organizaciones y empresas puede transformar vidas.

Bunny, una perrita atropellada en México, fue abandonada por su presunta familia y dejada a su suerte en la calle con las patas destrozadas, siendo atacada por otros perros. La situación era desesperante hasta que voluntarios de The Animal Pad, una protectora de animales en Estados Unidos, fueron informados de su situación. Al llegar, se dieron cuenta de que salvar sus patas traseras era imposible, por lo que debieron ser amputadas. Bunny también tuvo complicaciones veterinarias posteriores a su esterilización, pero logró salir adelante gracias al incondicional apoyo de Henry Friedman, hermano de The Dogist y humano de Finn, un conocido viajero solidario y rescatista animal.

Friedman, movido por la pasión y el amor hacia los animales, movilizó a sus seguidores para recaudar 30,000 dólares destinados a la recuperación de Bunny. Sin embargo, lo que realmente cambiaría su vida era una silla de ruedas que le permitiera volver a correr y disfrutar como solo los perros saben hacerlo. Aquí es donde entraron en juego Eddie’s Wheels, especialistas en armazones de sillas para animales, y Mercedes Benz, uno de los patrocinadores de Friedman.

La colaboración entre estas entidades permitió crear una silla de ruedas personalizada y de lujo para Bunny, dándole no solo movilidad, sino también una segunda oportunidad de ser feliz. En un video difundido por The Animal Pad, se puede ver a Bunny adaptándose rápidamente a su nueva silla, disfrutando de su nueva movilidad en cuestión de minutos. Esta imagen no solo es un testimonio de la resiliencia de los animales, sino también del impacto que puede tener la intervención humana cuando está motivada por la compasión y la solidaridad.

Las empresas tienen la enorme capacidad de apoyar causas sociales y con ello generar un impacto positivo en la vida de otros. La historia de Bunny nos recuerda que, más allá de las ganancias económicas, lo que realmente importa es cómo utilizamos nuestros recursos para mejorar el mundo.

Cada día, la vida de Bunny mejora y ella lo disfruta plenamente, dejando atrás el calvario que vivió. Esta historia nos enseña que los esfuerzos colectivos y la bondad pueden cambiar vidas, y que detrás de cada historia de éxito, hay personas y organizaciones dispuestas a hacer la diferencia. Pronto, Bunny encontrará una familia que la ame y podrá vivir la vida a tope, demostrando que, incluso en las circunstancias más oscuras, siempre hay esperanza.

Russell O’Grady, un nombre que se ha convertido en sinónimo de perseverancia y dedicación, se retira tras 32 años de trabajo en McDonald’s, donde no solo sirvió comida, sino también sonrisas y esperanza. Su historia comenzó en 1986, cuando, a los 18 años, entró por primera vez a la sucursal de Northmead McDonald’s en Sydney con un uniforme nuevo y un sueño por cumplir.

En una época en que a las personas con Síndrome de Down rara vez se les daba la oportunidad de trabajar, O’Grady desafió las expectativas y cambió la percepción social. Con el apoyo de Jobsupport, una iniciativa del gobierno australiano que ayuda a personas con discapacidad intelectual a encontrar empleo remunerado, Russell comenzó su carrera en McDonald’s. Su trabajo abarcó desde empacar cajas hasta limpiar, servir y cocinar, convirtiéndose rápidamente en una figura querida y respetada tanto por sus compañeros como por los clientes.

Russell se convirtió en un ícono local y un símbolo de inclusión. Personas de todas partes visitaban la tienda de Northmead solo para conocerlo. Su carácter afable y su actitud positiva hicieron de cada visita una experiencia especial para los clientes. Su hermano, Lindsey, compartió con The Daily Telegraph lo orgulloso que está de los logros de Russell. “Está un poco cansado al respecto, pero ama mucho su trabajo. A veces es bastante descarado. Es mi hermano mayor y me mantiene en línea”, comentó Lindsey.

Su padre, Geoff O’Grady, destacó cómo la carrera de Russell cambió la vida de toda la familia. “Alguien le preguntó una vez si era discapacitado y él respondió: ‘Solía ser cuando fui a la escuela, pero ahora trabajo en McDonald’s’”, recordó Geoff. Estas palabras reflejan la autoconfianza y el orgullo que Russell desarrolló a lo largo de los años, desafiando estereotipos y demostrando que las personas con discapacidades pueden tener vidas significativas y productivas.

En diciembre de 2018, después de más de tres décadas de trabajo, Russell decidió retirarse. Su gerente, Courtney Purcell, expresó el sentir de todo el equipo y los clientes habituales: “Tenemos clientes que vienen a ver a Russell los jueves y viernes, y el personal lo cuida, por lo que lo vamos a extrañar”. Esta despedida no solo marca el final de una era para el restaurante, sino también un momento emotivo para todos los que tuvieron la suerte de conocer a Russell.

Ahora, a los 52 años, Russell tiene planes emocionantes para su jubilación. Con más tiempo libre, planea dedicarse a una de sus pasiones: el boliche. Este nuevo capítulo en su vida le permitirá disfrutar de sus hobbies y pasar más tiempo con su familia y amigos, quienes han sido su mayor apoyo a lo largo de su carrera.

La historia de Russell O’Grady es un testimonio de la capacidad humana para superar barreras y desafiar expectativas. Su dedicación y trabajo duro no solo lo hicieron exitoso en su empleo, sino que también inspiraron a muchas personas con discapacidades y a sus familias, demostrando que todos merecen una oportunidad para mostrar su potencial.

En una sociedad donde la inclusión laboral de personas con discapacidades aún enfrenta desafíos, el legado de Russell O’Grady perdura como un faro de esperanza y un recordatorio de que con apoyo y determinación, todos podemos alcanzar nuestros sueños. Su jubilación es un merecido descanso después de 32 años de servicio ejemplar, dejando una huella imborrable en la comunidad de Northmead y más allá.

En medio del gélido abrazo del invierno europeo, el Centro Comercial Atrium Mall, ubicado en el corazón de Estambul, se ha erigido como un faro de calor y esperanza para los perritos callejeros que deambulan por las nevadas calles de la ciudad. Ante la cruda realidad de un temporal que ha segado vidas humanas y paralizado la vida cotidiana, la solidaridad se ha alzado como la principal herramienta de supervivencia.

Con la nieve cubriendo cada rincón de Estambul y el frío penetrando hasta los huesos, el Atrium Mall ha abierto sus puertas en las noches más heladas, transformándose en un refugio improvisado para aquellos seres desamparados que buscan un respiro del crudo clima invernal. Esta iniciativa, surgida de la compasión y el deseo de hacer algo por aquellos que carecen de voz, ha conmovido a la comunidad local y ha ganado eco en todo el mundo.

A medida que las imágenes de los perritos callejeros disfrutando del calor y la protección del centro comercial se volvían virales en las redes sociales, el gesto altruista del Atrium Mall ha inspirado a otros establecimientos a seguir su ejemplo. Desde tiendas de ropa hasta cafeterías, numerosos negocios han extendido una mano solidaria y han abierto sus puertas para brindar refugio a los animales sin hogar que luchan por sobrevivir en las gélidas calles de Estambul.

Los voluntarios, movidos por el deseo de marcar la diferencia, han dedicado su tiempo y recursos para llevar mantas y alimentos a los perritos que buscan cobijo en el centro comercial. Su compromiso y dedicación son la piedra angular de esta noble empresa, demostrando que cuando la comunidad se une en pro de una causa noble, los resultados pueden ser verdaderamente asombrosos.

En palabras de uno de los voluntarios, compartidas con CNN Turquía, “Si todos ayudamos en lo que podamos, los animales callejeros estarán bien. Los animales sin hogar necesitan ayuda”. Esta simple verdad ha resonado en el corazón de muchos, recordándonos que la compasión y el cuidado por los más vulnerables son los pilares sobre los que se construye una sociedad justa y solidaria.

Una tienda local en Facebook, expresó “solo el amor verdadero se calienta”. Y dicho invierno de frío polar, con el amor y la solidaridad fueron los mejores abrigos para aquellos que no tienen un hogar donde refugiarse. Estambul nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, el calor humano puede marcar la diferencia y encender el camino hacia un mundo más compasivo y justo.

En un hito médico que abre las puertas a la esperanza, un equipo de la Universidad de Granada (UGR) ha anunciado el desarrollo de una terapia revolucionaria para la cura definitiva del Síndrome de Bernard-Soulier, una rara patología genética que afecta la coagulación sanguínea.

La terapia, basada en un autotrasplante de células madre modificadas genéticamente, representa un avance significativo en la medicina y ofrece una nueva perspectiva para aquellos que sufren esta condición.

El Síndrome de Bernard-Soulier se caracteriza por problemas de coagulación originados por una disfunción de las plaquetas, que se encuentran en menor cantidad y con una funcionalidad reducida en los pacientes afectados. El equipo de investigadores de la UGR, en colaboración con expertos internacionales, ha diseñado una estrategia novedosa para tratar esta enfermedad mediante una terapia génica con células madre hematopoyéticas humanas.

La terapia desarrollada por los científicos permite recuperar la expresión de la proteína alterada en la enfermedad en las células madre hematopoyéticas de los pacientes. Este enfoque innovador busca restaurar la funcionalidad de las plaquetas y, en última instancia, lograr la curación completa del Síndrome de Bernard-Soulier a través de un autotrasplante de células madre modificadas genéticamente.

Los resultados obtenidos hasta ahora son prometedores, ya que los investigadores han demostrado por primera vez la utilidad de la terapia génica sobre células madre hematopoyéticas humanas para el tratamiento de esta enfermedad. Aunque el Síndrome de Bernard-Soulier es excepcionalmente raro, afectando a menos de un caso por cada millón de nacimientos, la técnica desarrollada también podría aplicarse en el tratamiento de otras trombopatías genéticas.

El proceso de investigación está en curso, y los científicos se centran ahora en demostrar la funcionalidad y la bioseguridad de los vectores terapéuticos en un modelo animal experimental del Síndrome de Bernard-Soulier Tipo C. La generación de resultados positivos en esta fase permitirá avanzar hacia análisis preclínicos más completos y, eventualmente, solicitar la aprobación de este vector de terapia génica como medicamento huérfano para el tratamiento de esta enfermedad.

El doctor Gonzalo Martínez Navajas, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UGR y del Centro de Genómica e Investigación Oncológica GENyO, presentó los resultados de este trabajo en el trigésimo Congreso Europeo de la Sociedad Europea de Terapia Génica y Celular. Además, el estudio contó con la participación de investigadores de diferentes instituciones, incluyendo el Centro de Hemodonación de Murcia, la Universidad de Zurich, el National Health Service Blood and Transplant de Cambridge, el Hospital Universitario de Coimbra y un centro en Kortrijk, Bélgica.

Este avance científico, financiado por el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación, representa una luz de esperanza para aquellos que padecen el Síndrome de Bernard-Soulier y, potencialmente, para aquellos con condiciones genéticas similares. La ciencia, una vez más, demuestra su capacidad para transformar vidas y ofrecer soluciones innovadoras a desafíos médicos complejos.

En un rincón del Himalaya, la pequeña nación de Bután ha grabado su nombre en la historia al convertirse en el primer país del mundo en esterilizar y vacunar a toda su población de perros callejeros. 

Este monumental logro fue anunciado por el Primer Ministro de Bután, Lotay Tshering, marcando el final del Proyecto Nacional de Gestión de la Población Canina y Control de la Rabia, una odisea de 14 años que transformó la realidad de miles de caninos sin hogar.

El programa, implementado con el apoyo invaluable de la organización benéfica Humane Society International (HSI), ha sido un ejemplo de compromiso y perseverancia. Más de 150,000 perros callejeros fueron esterilizados y vacunados con éxito, un testimonio del poder de la colaboración entre gobiernos y organizaciones dedicadas al bienestar animal.

Bután, conocido por sus paisajes deslumbrantes y su enfoque progresista, ha demostrado que las naciones pueden liderar no solo en el ámbito medioambiental sino también en la protección de sus habitantes más vulnerables, incluso aquellos de cuatro patas. 

Lotay Tshering resaltó la finalización exitosa del proyecto, subrayando que también se colocaron microchips en 32,000 perros, proporcionando un seguimiento adicional para garantizar su bienestar.

Sin embargo, la magnitud de este logro se ve acentuada por la sombra de la triste realidad que enfrentan millones de perros callejeros en Asia. Estos animales a menudo luchan contra el hambre, infecciones parasitarias, enfermedades no tratadas y lesiones causadas por accidentes de tráfico, así como el peligro constante de persecución directa y sacrificios inhumanos.

La iniciativa de Bután destaca la importancia de abordar la superpoblación canina y los desafíos de bienestar animal en una escala global. Humane Society International, la organización benéfica que respaldó este proyecto, subraya que aproximadamente 300 millones de perros callejeros en Asia enfrentan adversidades similares. Este logro no sólo significa un paso hacia el control poblacional sino también hacia la mejora de la calidad de vida de estos leales compañeros.

Bután no sólo ha esterilizado y vacunado perros, sino que ha enviado un mensaje al mundo sobre la importancia de tratar a los animales con compasión y dignidad. En un continente donde la venta y el consumo de carne de perro son prácticas lamentablemente comunes, este logro destaca el cambio de percepción y las crecientes voces en contra de tales prácticas.

La noticia de este hito resonará más allá de las montañas del Himalaya, inspirando a otras naciones a emprender esfuerzos similares. En un mundo donde los desafíos para la vida animal son numerosos, Bután ha demostrado que, con determinación y colaboración, es posible lograr cambios significativos. Es un recordatorio emotivo de que, incluso en la lucha por los más pequeños, la humanidad puede escribir historias de esperanza y compasión.

La inmunoterapia en cáncer de cabeza y cuello ofrece nuevas y esperanzadoras opciones de tratamiento para pacientes, en especial para aquellos con cánceres relacionados con el virus del papiloma humano (VPH), y sin los efectos secundarios potencialmente devastadores de los tratamientos convencionales.

El Instituto de Investigación del Cáncer (ICR) de Londres y la fundación Royal Marsden NHS han crean un nuevo y exitoso tratamiento experimental que puede acabar con los tumores de cáncer de cabeza y cuello en pacientes terminales.

El término “cáncer de cabeza y cuello” incluye diferentes tipos de cáncer que se clasifican según la zona donde se originan. Estas zonas comprenden la boca (cavidad bucal), la garganta (faringe), la laringe, los senos y la cavidad nasal, y las glándulas salivales.

Entre los factores de riesgo medioambiental del cáncer de cabeza y cuello se encuentra el consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol, la exposición prolongada al sol y determinados virus, como el VPH y el virus de Epstein-Barr (VEB).

El tratamiento experimental (inmunoterapia) es aplicado en pacientes terminales y consta de una serie de medicamentos de inmunoterapias que el sistema inmunológico de los pacientes aprovecha para matar sus propias células cancerosas.

Actualmente existen cuatro opciones de inmunoterapia aprobadas para el cáncer de cabeza y cuello:

  • Anticuerpos dirigidos: Cetuximab (Erbitux).
  • Inmunomoduladores: Dostarlimab (Jemperli), Nivolumab (Opdivo®) Pembrolizumab (Keytruda®).

Además de aumentar las posibilidades de supervivencia a largo plazo, el tratamiento también desencadena muchos menos efectos secundarios en los pacientes. Comparado con la quimioterapia, que es el tratamiento estándar que se ofrece a muchos pacientes con cáncer avanzado.

A un paciente que esperaba morir hace cuatro años, las enfermeras le llamaron semanas después de unirse al estudio para decirle que su tumor había desaparecido por completo.

Estos pacientes vivieron un promedio de tres meses más que los que recibieron quimioterapia. La mediana de supervivencia general de estos pacientes fue de 17,6 meses, el promedio más alto jamás informado en este grupo de pacientes.

Además, los resultados de otros ensayos de la combinación de fármacos han sugerido previamente beneficios similares para pacientes terminales con cáncer de riñón, piel e intestino.

Por ello, a pesar de que los resultados del ensayo en fase 3 son tempranos, son muy significativos clínicamente. Un paso más para erradicar y vencer esta enfermedad y, sin duda, una buena noticia que celebrar.

Si se detecta a tiempo, el cáncer de cabeza y cuello es sumamente curable, con frecuencia con monoterapia (cirugía o radioterapia). En general, los tipos de cáncer de cabeza y cuello en etapas más avanzadas se tratan con diversas combinaciones de cirugía, radioterapia y quimioterapia. Con cualquier plan de tratamiento, el objetivo no es solo eliminar el cáncer sino también preservar las funciones de las estructuras involucradas en el habla, la deglución y la expresión.

El impacto medioambiental del plástico es muy agresivo por su lenta degradabilidad y por la composición química que representa. La contaminación de los plásticos se ha convertido en uno de los retos medioambientales más urgentes en nuestro tiempo. Su producción e incineración contribuye en gran medida al cambio climático.

Su aparición en la década de los 50 como el material que solucionaría nuestras vidas actualmente nos está destruyendo. Su permanencia como un protagonista de todo lo que hacemos estima al año más de 100 millones de toneladas de producción de dicho material para su fabricación. Con lo que la contaminación de los plásticos en el medioambiente lejos de desaparecer, cada vez es mayor.

De esas 100 millones de toneladas, al final del día 13 millones de toneladas acaban en los océanos entre flora y fauna. ¿Una locura, no?

Y aunque muchas empresas ya están haciendo conciencia para evitarlo o reciclarlo, el problema es incalculable debido a que:

  • Una bolsa de plástico tarda en degradarse 150 años.
  • Una botella de plástico tarda en degradarse más de 1.000 años.

Y aunque pensamos que es responsabilidad de gobiernos y terceros, el cambio comienza en uno, evitando el consumo de este material tan agresivo y hacer algunas de las siguientes acciones como: Participar en las tareas de limpieza en océanos y costas; Mejorar la gestión del reciclaje; Adoptar un estilo de vida más saludable; Reducir nuestro propio uso del plástico haciendo uso de reutilizables.

Pero aquí hay buenas noticias y nuevas esperanzas para el mundo. Un equipo de investigadores australianos hallaron un hongo que sería capaz de descomponer plástico en tiempo récord, 140 días. Con esos pocos días se estaría dando una nueva esperanza a la crisis del reciclaje.

De acuerdo con la profesora Dee Carter, experta en micología de la Facultad de Ciencias de la Vida y Medio Ambiente y coautora del estudio, afirma que “los hongos son increíblemente versátiles y se sabe que son capaces de descomponer prácticamente todos los sustratos. Este superpoder se debe a su producción de potentes enzimas, que excretan y utilizan para descomponer los sustratos en moléculas más sencillas que las células fúngicas pueden absorber”.

Científicos australianos de la Universidad de Sidney afirman haber encontrado una manera de usar un hongo para descomponer plástico, incluso aquellos más difíciles de degradar. Esto le otorga un gran potencial para mejorar la baja tasa de reciclaje de algunos plásticos, ya que con él se lograría descomponer plástico en 140 días.

A través de experimentos notaron que podían usar dos tipos de hongo que se encuentran comúnmente en las plantas y el suelo, Aspergillus terreus y Engyodontium album, para descomponer el plástico resistente. Fue la «tasa de degradación más alta reportada» en todo el mundo, dijeron científicos de la Universidad de Sydney.

Los científicos están probando el proceso de degradación con los hongos para ver cómo pueden hacerlo más eficiente y listo para su uso a escala comercial. El proceso de investigación podría llevar de tres a cinco años, y sería necesario abordar una letanía de problemas de comportamiento y comerciales.

Dichos hongos que suelen encontrarse en el suelo y las plantas, fueron capaces de descomponer el polipropileno tras someterlo a un tratamiento previo con luz ultravioleta o calor, reduciendo el plástico en un 21% en 30 días de incubación y en un 25-27% en 90 días.