En Oudenbosch, una pequeña localidad de los Países Bajos, un helado está dando de qué hablar en todo el mundo. No se trata de un sabor exótico ni de un topping extravagante, sino de una combinación que mezcla lo delicioso con lo funcional: un helado con 500 mg de paracetamol.

La idea nació en la panadería de Jan Nagelkerke, quien, inspirado por los dolores de cabeza que suelen aquejar a muchos durante festividades locales, decidió innovar. ¡Y vaya que lo logró! Con un lote de seis litros de helado, combinó jugo de limón y 20 tabletas de este popular analgésico, dando lugar a una creación tan curiosa como controvertida. Cada porción contiene la dosis exacta de 500 mg, suficiente para combatir esos molestos dolores.

El helado generó reacciones de asombro y entusiasmo en Oudenbosch, donde los residentes no tardaron en expresar su interés por probarlo. Sin embargo, la euforia fue breve. La Autoridad de Seguridad Alimentaria de los Países Bajos intervino, indicando que este tipo de productos requiere una licencia especial debido a que contiene un medicamento. Como resultado, el innovador helado fue retirado del mercado, dejando a todos con las ganas de más.

Más allá de su corta vida en vitrinas, esta creación ha generado un amplio debate sobre los límites de la gastronomía y la regulación de productos que combinan alimentos y medicamentos. Mientras algunos aplauden la creatividad de Nagelkerke, otros cuestionan los riesgos de consumir este tipo de productos sin supervisión médica.

En redes sociales, el helado de paracetamol se ha vuelto un tema viral, incluso, algunos usuarios han manifestado su interés en replicar la idea desde casa. Sin embargo, los expertos advierten: el paracetamol, aunque seguro y eficaz en dosis recomendadas, puede ser peligroso si se consume en exceso.

Por ahora, este peculiar postre no está disponible en otros países, pero su historia nos deja una lección: la innovación culinaria puede ir más allá de lo esperado, desafiando tanto nuestras papilas gustativas como las normativas legales.

¿Sabías que el helado no solo es delicioso, sino que también puede mejorar tu estado de ánimo

Más allá de ser el postre perfecto para los días calurosos o para disfrutar con amigos, el helado tiene el poder de hacernos más felices. Según un estudio pionero realizado en 2007 por el Instituto de Psiquiatría de Londres en colaboración con Unilever, comer helado activa zonas del cerebro relacionadas con el placer y la recompensa. “No es solo un gusto; es casi como una dosis de felicidad”, explica uno de los investigadores.

Este estudio utilizó resonancias magnéticas funcionales (FMRI) para observar cómo el cerebro responde al helado. Los investigadores analizaron la actividad cerebral de los participantes antes y después de consumir una pequeña porción de helado de vainilla. ¿El resultado? Se detectó una notable actividad en la corteza orbitofrontal, una región del cerebro clave para experimentar placer. “Es sorprendente ver cómo algo tan sencillo puede activar tan profundamente nuestro centro de recompensa”, comentó el equipo de investigación.

Y eso no es todo: los alimentos dulces, como el helado, pueden desencadenar la liberación de endorfinas, las conocidas “hormonas de la felicidad”. Este fenómeno ayuda a explicar por qué nos sentimos tan bien al disfrutar un helado, especialmente en situaciones felices como reuniones familiares o celebraciones. Así, el helado no es solo una cuestión de sabor, sino también de recuerdos y emociones.

La próxima vez que tengas un mal día, una porción de helado podría ser justo lo que necesitas para darle un giro a tu ánimo. Como dicen los expertos, “un helado puede ser mucho más que un simple postre; es una forma de bienestar en cada cucharada”.