En Oudenbosch, una pequeña localidad de los Países Bajos, un helado está dando de qué hablar en todo el mundo. No se trata de un sabor exótico ni de un topping extravagante, sino de una combinación que mezcla lo delicioso con lo funcional: un helado con 500 mg de paracetamol.

La idea nació en la panadería de Jan Nagelkerke, quien, inspirado por los dolores de cabeza que suelen aquejar a muchos durante festividades locales, decidió innovar. ¡Y vaya que lo logró! Con un lote de seis litros de helado, combinó jugo de limón y 20 tabletas de este popular analgésico, dando lugar a una creación tan curiosa como controvertida. Cada porción contiene la dosis exacta de 500 mg, suficiente para combatir esos molestos dolores.

El helado generó reacciones de asombro y entusiasmo en Oudenbosch, donde los residentes no tardaron en expresar su interés por probarlo. Sin embargo, la euforia fue breve. La Autoridad de Seguridad Alimentaria de los Países Bajos intervino, indicando que este tipo de productos requiere una licencia especial debido a que contiene un medicamento. Como resultado, el innovador helado fue retirado del mercado, dejando a todos con las ganas de más.

Más allá de su corta vida en vitrinas, esta creación ha generado un amplio debate sobre los límites de la gastronomía y la regulación de productos que combinan alimentos y medicamentos. Mientras algunos aplauden la creatividad de Nagelkerke, otros cuestionan los riesgos de consumir este tipo de productos sin supervisión médica.

En redes sociales, el helado de paracetamol se ha vuelto un tema viral, incluso, algunos usuarios han manifestado su interés en replicar la idea desde casa. Sin embargo, los expertos advierten: el paracetamol, aunque seguro y eficaz en dosis recomendadas, puede ser peligroso si se consume en exceso.

Por ahora, este peculiar postre no está disponible en otros países, pero su historia nos deja una lección: la innovación culinaria puede ir más allá de lo esperado, desafiando tanto nuestras papilas gustativas como las normativas legales.

En un avance revolucionario en la construcción ecológica, el “Growing Pavilion” ha surgido como un símbolo emblemático de la sostenibilidad y la innovación. Este impresionante edificio, creado por la organización creativa “Company New Heroes” en colaboración con la empresa de biotecnología “Krown Design”, representa un hito en la arquitectura sustentable.

Ubicado en los Países Bajos, el Pabellón de Crecimiento se erige como un monumento a la creatividad y la visión futurista. Su estructura, compuesta por madera y paneles de micelio, evoca la forma de setas, pero su impacto va mucho más allá de lo estético. Este edificio no solo se levanta en apenas una semana, sino que también desafía las nociones convencionales de la construcción al limpiar activamente el aire y compensar la huella de carbono del proceso de construcción.

Diana van Bokhoven, responsable del proyecto, señaló la urgencia de encontrar soluciones sostenibles ante los desafíos globales como el cambio climático y la escasez de recursos. En este contexto, el “Growing Pavilion” emerge como un testimonio vivo de la capacidad humana para abordar estos problemas con creatividad y determinación.

La construcción del pabellón se basa en el crecimiento del micelio, el aparato vegetativo de los hongos, que se cultiva en moldes rellenos de sustrato de desechos de cáñamo. En tan solo cuatro días, el micelio puede desarrollarse lo suficiente como para llenar el molde, luego se seca con calor para controlar su tamaño y forma. Este proceso no solo es eficiente en términos de tiempo, sino que también es altamente sostenible, ya que el micelio captura el doble de su peso en CO2, compensando así la huella de carbono del edificio.

Jan Berbee, cofundador de Krown Design, destaca las propiedades del micelio, que van desde su resistencia hasta sus capacidades aislantes, lo que lo convierte en un material ideal para la construcción de viviendas. Además, el ligero aroma del micelio, lejos de ser desagradable, ofrece una alternativa refrescante al formaldehído y otros productos químicos comunes en la construcción convencional.

El “Growing Pavilion” no solo representa un logro técnico y arquitectónico, sino también un cambio de paradigma en la forma en que concebimos nuestros entornos construidos. Con su enfoque en la sostenibilidad y la innovación, este edificio nos recuerda que el futuro de la vivienda puede ser tanto ecológico como emocionante.

En un sorprendente giro de los problemas carcelarios que afectan a gran parte del mundo, los Países Bajos se enfrentan a un dilema único y poco común: el cierre de prisiones debido a la escasez de delincuentes. La innovadora estrategia holandesa, centrada en programas de desvío y rehabilitación, ha demostrado ser tan exitosa que 19 cárceles ya han cerrado en los últimos años, y se espera que otras sigan el mismo camino el próximo año.

La clave de este fenómeno reside en la prioridad que los Países Bajos han otorgado a programas de desvío y rehabilitación. Desviando a las personas del sistema de justicia penal y enfocándose en el desarrollo de las capacidades de los reclusos, Holanda ha logrado reducir significativamente las tasas de reincidencia. El uso de dispositivos de seguimiento en penas comunitarias ha sido un componente fundamental de esta estrategia.

Los recientes planes de cierre de prisiones resalta la posición innovadora y visionaria del país en la reforma de la justicia penal, en un momento en que muchas naciones enfrentan problemas de hacinamiento en sus cárceles.

En la prisión de alta seguridad Norgerhaven, ubicada en el noreste de los Países Bajos, los internos participan activamente en la cocina, aprendiendo habilidades culinarias que van más allá de la simple preparación de alimentos. Jan Roelof van der Spoel, vicegobernador de la prisión, destaca la importancia de abordar las causas subyacentes de la delincuencia.

Los resultados hablan por sí mismos: en los últimos 10 años, el método de rehabilitación ha demostrado ser altamente efectivo. Menos del 10% de los delincuentes reincidentes que pasaron por programas de dos años y rehabilitación personalizada volvieron a prisión. Una tasa sorprendentemente baja en comparación con países como Inglaterra, Gales y Estados Unidos, donde la reincidencia es mucho más alta.

El descenso en las tasas de encarcelamiento también se atribuye a cambios en las prioridades policiales. Mientras que en el pasado, el enfoque estaba en el control de drogas en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, ahora la policía se centra en la lucha contra la trata de personas y el terrorismo. Esta adaptabilidad refleja una respuesta eficaz a las dinámicas cambiantes de la sociedad.

A pesar de los éxitos, no está exento de críticas. Algunos argumentan que la reducción de los delitos registrados se debe a la clausura de estaciones de policía debido a recortes presupuestarios, lo que dificulta la denuncia de crímenes. Además, la falta de delincuentes ha generado preocupaciones sobre la seguridad laboral y el futuro de los empleados del sistema penitenciario.

En un movimiento inusual, Holanda ha llegado incluso a alquilar celdas vacías a Noruega, importando internos extranjeros para ocupar el espacio disponible. Este enfoque creativo no solo resuelve problemas logísticos, sino que también demuestra la adaptabilidad de Holanda en la gestión de recursos carcelarios.

Un paseo por Veenhuizen, una vez colonia penal cerrada, ofrece una perspectiva histórica sobre la evolución de las políticas carcelarias en los Países Bajos. La transformación de este lugar refleja la capacidad del país para adaptarse y aprender de su propia historia.

En un rincón de Europa, la conciencia ambiental se ha convertido en un negocio que beneficia tanto al planeta como a los ciudadanos. En Alemania, la iniciativa de pagar 0.25 euros por cada botella de plástico reciclada ha revolucionado la forma en que se aborda el consumo de envases desechables. Este sistema, conocido como “Pfand“, no sólo ha transformado las calles alemanas, sino que también ha inspirado medidas similares en otros países europeos.

Desde hace cuatro décadas, España vivió el fenómeno de devolver las botellas de vidrio a la tienda, generando descuentos en las nuevas compras. Aunque esta práctica desapareció con la llegada de las botellas de plástico y los contenedores de reciclaje, los alemanes han demostrado que el retorno a sistemas de depósito puede ser la clave para combatir la contaminación y fomentar el reciclaje.

El sistema de depósito alemán, implementado en 2003, no sólo ha hecho desaparecer las botellas vacías de las calles, sino que ha alcanzado una asombrosa tasa de retorno del 98.5%. Este éxito se atribuye a la combinación de un pequeño sobreprecio al comprar una botella, reembolsado al devolverla a las máquinas de reciclaje, que emiten vales canjeables por dinero en efectivo o para la compra de otros productos.

La medida inicialmente aplicada a botellas de plástico grueso y latas se expandió en 2022 para incluir todas las botellas, incluso las de plástico ligero. Este sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) ha demostrado ser una versión moderna y efectiva de las antiguas prácticas de devolución.

Más allá de Alemania, países como Austria, Suecia, Dinamarca, Finlandia y los Países Bajos han adoptado sistemas similares. En Roma, la recompensa por reciclar se traduce en descuentos en billetes de metro, mientras que en Argentina se mantiene un sistema de descuento en el precio de la bebida al devolver la botella vacía. En México también hay algunos descuentos y sistema de puntos por la cantidad de botellas de plásticos que regreses en los almacenajes.

El desafío radica en encontrar un equilibrio que no sólo beneficie al medio ambiente, sino que también sea viable económicamente. A pesar de los éxitos, Alemania ha enfrentado críticas por un diseño de incentivos que favorece las botellas de un sólo uso sobre las reutilizables. Empresas embotelladoras han obtenido beneficios significativos al no tener que devolver depósitos por contenedores no reciclados. Para abordar este problema, se está trabajando en nuevas regulaciones que fomenten la utilización de envases reutilizables.

Mientras algunos países luchan con la conciencia del reciclaje, Alemania ha demostrado que la combinación de incentivos económicos y prácticas sostenibles puede cambiar la narrativa. La pregunta que resuena es si otros países seguirán el ejemplo, reconociendo que reciclar no sólo es responsabilidad individual, sino también una oportunidad para contribuir al bienestar del planeta y, en el caso alemán, recibir una recompensa justa por cada botella reciclada.